SHAMANKA
(Удаган)
Shamanka tiene un poder
que el olvido no puede tragar.
En Olkhon, cerca de la cumbre,
hay un niño acostado
sobre el humo,
rodeado de llanto frente a Udagan,
que le habla a la oreja del cosmos
para viajar al laberinto
donde Tengri guarda a los muertos.
¿Quién anda, quién sueña, quién mora en la punta de Burkhan?
En las noches de haces profundos en el lago de Sagaan
los peces levitan
sobre los Serge sagrados
que yacen enterrados sobre el infierno,
sobre la lengua del que no se atreve a maldecir a su verdugo,
aquel al que le pisan la médula del tiempo.
El viento habla del viejo Baikal,
el que ha viajado todos los naufragios invernales
en busca de Angará;
quiere cobrar su venganza a Yenisei,
pero solo es un deseo,
algo que no podrá lograr
porque el bosque del ancestro ignoto es un ejército de distancia.
Udagan regresa del laberinto de Tengri,
baja de la cúspide de Olkhon,
agarra la espiral de humo y fuego
con un espíritu en su boca
y lo devuelve al cuerpo del niño.
Shamanka tiene un poder
que el olvido no puede tragar.
Jorge Gabriel Menéndez Vera
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