DAMAVAND
(دماوند)
desde Airiiana llegaron a ti,
te rodearon:
porque soñaron con sus ojos,
contigo la potencia abismal
de Kiririsha,
de Ahura Mazda,
de Alaha,
o Allah.
Tu cumbre,
un gato sentado en la noche
que ha escuchado las estrellas,
sabiendo que tu derrota no existe.
Damavand,
tu invencibilidad radica en el tiempo,
en el pelaje amarillo
de las constelaciones,
los tejidos celestes
en tus ojos verticales,
sobre el filo de tus garras pacíficas y perpetuas.
Entonces los monstruos te hieren,
y lanzas tus uñas de fuego
que los derretirán en la llanura,
a tus pies.
¿Cómo se atrevieron, Damavand,
a cruzar tu cúpula inefable?
Los malos, sí, los malos,
esos infanticidas que nada tienen que ver con Canaán,
y los matadores de los ayání diné ,
esos también caerán frente a ti,
DAMAVAND.
Jorge Gabriel Menéndez Vera
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