La cubanía en la décima: memoria, identidad y filosofía Por Boris Montalvo Rencurrell.

Publicado el 20 de julio de 2026, 21:18

 

La cubanía en la décima: memoria, identidad y filosofía en «Cuba, el alfa de mi décima»

Prólogo del poemario «Cuba, el alfa de mi décima» de Jorge Gabriel Menéndez Vera

Boris Montalvo Rencurrell

 

En el panorama de la lírica cubana destaca la décima como estructura estrófica usada por aquellos que poseen el –quizás divino– don de la poesía. La musical estrofa seduce con su vibrante ritmo, de manera única a los que articulamos las palabras en el rico idioma castellano y, sobre todo, a los que pretendemos enriquecerlo más. Prácticamente no hay un gran poeta o poetisa cubana que no haya cultivado la cubanísima estrofa (José Martí, José Lezama Lima, Dulce María Loynaz o Alberto Serret, para citar ejemplos que pudieran sorprendernos), y es cubanísima porque se aplatanó y entronizó en nuestro ADN social una vez que vino de la tierra española, aquella que la albergó en su génesis, llevada a cabo por Vicente Espinel, quien la detectó, recopiló y cultivó, para gloria suya y del idioma.

Pero el idioma exige mayor gloria; como ente vivo demanda constantemente que otros lo usen, lo distingan, le aporten de su creatividad e ingenio, y es en esta coyuntura donde todos tenemos la posibilidad de sumarnos al parnaso…

«Hembra feroz: lengua mía
que tu brutal paradoja
de madre viril me acoja
por eslabón de tu orgía…»

…nos dice Jesús David Curbelo refiriéndose a este fenómeno.

Jorge Gabriel Menéndez Vera no es sordo a los clamores de dicha posibilidad; él ha encontrado en la décima el cuenco perfecto para verter la memoria de ese pasado que lo constituye, que es parte de su formación como ser humano, y en tal sentido destacan poemas, por ejemplo, Cocosolo en la memoria, en el cual el poeta narra pasajes de su infancia: «Un niño en la vecindad/ trepa azoteas ajenas»; de sus primeros enfrentamientos al fenómeno del erotismo sexual (existe otro tipo de erotismo); y el romance «Naila tuvo el protocolo/ de mirarme y verme azul», todo en un proceso que debió ser desgarrador. Mirado desde esta perspectiva, el poemario adquiere un carácter autobiográfico, pero en Cuba, el alfa de mi décima hay mucho más, existe una serie de poemas dedicados a barrios y municipios cubanos (entre ellos resalta Guanabacoa da cita), en los que se hace referencia a muchos de los principales mitos y leyendas que conforman nuestra cultura y nacionalidad, enriquecido por un conjunto de citas –a las cuales puede remitirse el lector–, que definen conceptos y fenómenos importantes que han constituido la esencia de nuestra nacionalidad, que es lo que vendría siendo ese complejo fenómeno llamado cubanía. (Recordemos que nación es una comunidad de personas que tiene un nombre, que comparten una lengua –preferentemente–, una mitología y una historia en común). El poeta deja entrever una especie de «cubanía íntima», desde la cual apercibe la realidad histórica y social de nuestra nación. Y es que precisamente la cubanía es la manera de percibir, asumir y enfrentar la realidad, que tenemos en común un colectivo de personas que nos hemos hecho llamar cubanos, que nacimos y vivimos la mayoría en este archipiélago estrecho y alargado que se llama Cuba, y que parece un caimán en el mapa, por no decir un cocodrilo (a los cubanos nos gusta destacar lo oriundo de nuestro terruño); isla caimán-cocodrilo que pudo haberse llamado Juana (se imaginan, en lugar de cubanía estaríamos hablando de…, se los dejo a su creatividad), y en la cual ese colectivo de personas –o sea, los cubanos– que entre muchas otras cosas, gusta de ir hablando en octosílabos y en metáforas por las calles, desarrolla su vida y su cultura, moldea los nuevos tiempos con las huellas del pasado, pasado que estuvo caracterizado, en su mayor parte, por circunstancias que implicaban no poder comunicarnos a través de un lenguaje directo y claro (esto nos induce a hablar en metáforas), combinadas con una tendencia a educar y ser educado, que siempre ha existido en nuestra nación, más la maldita circunstancia del agua por todas partes (vivir constantemente enfrentado al horizonte marino nos incita a pensar en qué hay más allá, lo cual estimula la imaginación, sobre la base del poético fenómeno del alba y el ocaso vistos desde esa perspectiva) –¿habrá pensado en eso Virgilio Piñera cuando escribió lo anterior? Imagino que lo pensó desde su propia circunstancia–.

Cuando se entiende esto, entonces se tiene el cuadro completo, se comprende el porqué del pululante –en poetas y poetisas– en el marco del siglo XIX y XX de la poesía cubana:

«Y en fin, cuando nos cansemos
de tanto correr ufanos,
cantando versos cubanos
a mi estancia volveremos,
y allí, mil cosas haremos
que quedarán entre nos,
y descansando los dos
sobre rústicos asientos
bendeciremos contentos
a nuestra patria y a Dios.»

Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé)

La primera vez que leí esa décima quedé electrizado por la emoción; pero continué electrizado:

«Como la espuma sutil
en que el mar muere desecho,
cuando roto el verde pecho
se desangra en el cantil…»

Nicolás Guillén

«Hondo alfiler en la nieve
invoca el tokonoma de la Gran Armada
octosilábica…»

(¡Wao, wao, wao! ¡Cien veces wao!)

José Lezama Lima

«Viajera peninsular
cómo te has aplatanado…»

Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí)

El siglo XXI no ha sido menos prolífico, lo que nos marcaba antes nos sigue marcando ahora, independientemente de que las circunstancias –sean malditas o benditas– hayan cambiado. Toda una constelación de poetas cultores de la décima van dejando su estela, y Jorge Gabriel, consciente de esto, avanza presuroso para sumarse al convite.

Él posee también una veta de filósofo que lo mueve a reflexionar constantemente, y en su poesía lo hace, incluso hay una pequeña investigación de muchos de los fenómenos implícitos en las dos principales culturas que nos constituyen: la española y la africana, las cuales en su proceso de síntesis decantada en Cuba, generaron modos de ser –y por lo tanto de pensar y hablar– diferentes. El lector podrá beber del resultado de ella en el conjunto de citas que tienen lugar en Guanabacoa da cita, mencionado anteriormente, y en tal sentido, el poemario se deja leer, además, como un libro de sociología. En este poema, el autor recurre a un lenguaje coloquial, e incluso pone a dialogar personajes de antaño en sus reales maneras de hablar, mediante el empleo de palabras propias de la cultura africana. Por eso es que considero acertado el hecho de utilizar aquí un lenguaje coloquial y un tono que nos recuerda al repentismo en la hechura de las décimas.

En otra parte del libro tenemos una serie de textos donde se alza el vuelo poético y el autor nos escancia intensas reflexiones que apuntan a la más pura filosofía; ejemplo de esto lo tenemos en las glosas, un ejercicio del cual gusta el autor y que lo ha conducido por provechosos derroteros, y conforma una parte del volumen. En una glosa basada en unos versos de Jesús David Curbelo (de su Coronación de Eva) y que divide cada décima resultante en un poema aparte, en diálogo con el resto de su conjunto cuaternario, nos dice lo siguiente:

«Disfruta todo suceso,
la presencia del pudor,
desde el juego hasta el amor
que ha sobrevivido al beso.
El mantra final de un rezo,
la escala hacia donde vas,
el cuándo, el cómo, el quizás.
¡Toda la fuga del ser!
Lo peor es no nacer
y no saberlo jamás.»

Ya hay muchos que hemos nacido, que vivimos conscientes o inconscientes de la gran oportunidad que implica la vida humana, que hemos descubierto una herramienta para expresarnos y aun explorar la posibilidad de ser recordados cuando no estemos físicamente. Cuba, el alfa de mi décima es la apuesta del autor no por la posteridad en sí, sino por el proceso de exploración de sí mismo que implicó la escritura de estas décimas, proceso que comenzó en Cuba y terminó fuera de ella, pero que siempre es un desnudar la subjetividad en la medida que expone las intimidades de su sociedad, de su nación, de una parte de su patria –porque aquella que es la tierra donde nacimos y la tierra de nuestros padres, siempre será una parte de la patria y no toda ella–; el resto es la humanidad, esa marea de subjetividades distintas desde elementos comunes en la que tenemos la real posibilidad de trascender.

Solo queda invitarlos a que disfruten de la lectura.

Boris Montalvo Rencurrell

 

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