A propósito de Panegíricos cruzados

Publicado el 20 de julio de 2026, 20:07

A PROPÓSITO DE PANEGÍRICOS CRUZADOS 

Por Carlos Palacio (Pala) 

En la magnífica compilación de la obra de Cristóbal de Castillejo dirigida por Rogelio Reyes Cano, la Reprehensión contra los poetas españoles que escriben en verso italiano ocupa apenas siete de las 888 páginas. Se trata de una corta diatriba en la que Castillejo se burla de los escritores que, bajo la sombra de Garcilaso, abandonaban los octosílabos castellanos para seguir el endecasílabo italiano moldeado por Petrarca. Siete páginas apenas que lo condenaron a convertirse en el arquetipo del escritor anclado al pasado e incapaz de asimilar las nuevas corrientes.

Por fortuna, la figura de Castillejo ha sido reivindicada en las últimas décadas como la del humanista que fue. Uno que confiaba plenamente en la capacidad de nuestra lengua para convertirse en referente universal sin necesidad de modelos foráneos.

El tiempo, incontestable, nos ha demostrado que Castillejo perdió y ganó. Perdió en su deseo de que se controlara el influjo del verso italiano. El trabajo de Garcilaso, su aclimatación al español del verso de once sílabas, triunfó hasta el punto de que, según Tomás Navarro, el gran teórico de la estructura poética en nuestro idioma, «en ningún otro momento de la historia de la versificación española se puede señalar un acontecimiento de semejante importancia». Pero Castillejo también ganó y lo hizo en su sueño de que se reconociera a la lengua española su estatura universal.

Pasados los Garcilaso, los Castillejo, los Quevedo, los Lope, los Góngora y los Darío, el soneto endecasílabo no solo coronó las cimas del idioma español, sino que, contrario a quienes pronosticaron su desaparición con el fin del modernismo y la llegada de las vanguardias, se mantuvo vivo y hoy goza de una insospechada buena salud gracias, en parte, a las nuevas tecnologías y a las redes sociales.

Vistas así las cosas, el intercambio epistolar entre José Tadeo Tápanes Zerquera y Jorge Gabriel Menéndez Vera, desarrollado en su totalidad en soneto clásico endecasílabo, es cualquier cosa menos anacrónico. Si bien la escritura reposa sobre una arquitectura que puede rastrearse sin discontinuidad hasta los albores del siglo XIII, en Sicilia, sus temas se pasean por campos de la más transparente modernidad. Los solares cubanos, el sincretismo religioso, las inesquivables pugnas entre comunismo y capitalismo o entre vida y muerte, los barrios de La Habana, la mitología y una extensa cosecha de sentimientos y pulsiones se pasean por los sonetos de este volumen, dispuestos ellos a demostrarnos que «No hay monstruo que no pueda ser humano». Leer Panegíricos cruzados es constatar que el soneto es vehículo tan longevo como actual y que se le puede moldear hasta adquirir los más modernos brillos.

Los versos de José Tadeo y de Jorge Gabriel se inscriben en lo mejor de la tradición cubana. Aquella que supo, desde el vamos, abrazarse a los cimientos del idioma español sin renunciar a la sonoridad propia, tostada por el Caribe y refulgente por sí misma. La misma tradición que ha incendiado las letras de Hispanoamérica con nombres que van desde Martí hasta Luis Rogelio Nogueras o desde Dulce María Loynaz hasta Carilda Oliver Labra, esa Carilda que a tantos nos «enseñó que había un verano».

En esta época en la que casi la totalidad de la poesía se escribe fuera de las formas clásicas de verso isométrico y rimado, se olvida con frecuencia que el verso libre es un recién llegado a nuestra tradición, que el primer poemario escrito en su totalidad en verso libre fue publicado en el siglo XX y que el verso clásico domina con sobradísima extensión nuestra tradición poética. Por supuesto, mi intención no es la de convertirme en el revés de Castillejo y lanzarme a la insostenible afirmación de que existe alguna superioridad en el soneto sobre las otras formas de arquitectura poética. Más bien me identifico con las nuevas aristas del perfil del poeta de Ciudad Rodrigo que se han venido develando con los años. Esas que muestran a un creador consciente de que la excelencia del poeta se puede (y se debe) desarrollar con absoluta independencia de la forma en que elija escribir. Tal es mi impresión al acercarme a estos poemas. La de que José Tadeo Tápanes Zerquera y Jorge Gabriel Menéndez Vera han conseguido amasar una vez más la riquísima tradición del soneto endecasílabo en español a fin de remozarla y vestirla con el más actual de los tonos. Todo un logro para quienes condujeron la pluma y todo un lujo para quienes nos acercamos a sus sílabas.

 

Carlos Palacio (Pala)

 
 

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios

Crea tu propia página web con Webador