COLOFÓN
Sobre «Cuba, el alfa de mi décima» de Jorge Gabriel Menéndez Vera.
Alexis Díaz-Pimienta
Sevilla, 28 de junio de 2026
Las décimas de este libro no son décimas rurales, ni décimas para la oralidad y la degustación inmediata. Son décimas reposadas: un poema que responde al canon de la estrofa clásica, pero que respira los aires de la poesía contemporánea. Ahí exactamente —en esa tensión fértil entre tradición y presente— ubica Jorge Gabriel su primer libro.
Cuba, el alfa de mi décima es un recomendable conjunto de décimas urbanas, de lenguaje cercano y preciso, poemas que describen no una ciudad en abstracto, sino un barrio concreto: Luyanó, Diez de Octubre, La Esquina de Toyo. Cuando leí el manuscrito, me emocioné. De pronto me encontraba con un poeta joven que estaba convirtiendo en grandes poemas las calles en las que yo crecí, en las que jugué, en las que juegan mis hijos, dotándolas de ese componente de urbanidad y contemporaneidad que resulta tan acuciante en la poesía cubana y tan poco estudiado, incluso por los propios intelectuales cubanos.
La décima sigue viéndose con un sesgo encorsetado, casi exclusivamente rural. Sin embargo, existe un movimiento vigoroso de libros de décimas con nombres ya mayúsculos de la poesía cubana contemporánea: Ronel González, José Luis Serrano, David Mitrany, Fran Upierre, Pedro Péglez, María de las Nieves, Alexander Besú, Carlos Esquivel, Diusmel Machado, Roly Ávalos, y podría seguir, pero la lista sería enorme. Dentro de esa amalgama de escritores que utilizan esta estrofa como molde vivo y no como reliquia, encaja con naturalidad y con mérito propio este libro de Jorge Gabriel. Una lectura cómoda y con varios registros.
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